miércoles, 16 de marzo de 2011

Testimonio de un ex narco

Formó parte 16 años de un cártel de la droga en Colombia. Fue testigo de la forma como los capos daban órdenes para asesinar, sirvió como enlace entre personajes clave e hizo mucho dinero. Sin embargo, el balance fue negativo porque perdió la tranquilidad, vivió amenazado y sobre todo, se quedó sin familia.

Hoy M. A. Montoya, quien pide ser identificado de esta manera como parte de su nueva vida, regresó a México, su país natal, y a través del relato que ofrece en “El espejismo del diablo: testimonio de un narco” deja constancia de que pudo salir de ese mundo y advierte a los jóvenes que el camino aparentemente fácil de vivir como parte del crimen organizado es como “tocar la casa del diablo”.

M.A. Montoya trabajó con Nelson Urrego, en la foto.
El autor mexicano, médico anestesiólogo por la Universidad de Guadalajara, platica en este libro cómo desde los 18 años se dejó enganchar por quien pensó que era su mejor amigo. Ambos estaban en la preparatoria, por ahí de 1977, cuando decidieron partir a Sonora a iniciar su aventura.

“Él vivía en agua Prieta, en Sonora, entonces él estaba muy influenciado por esta cultura del narcotráfico. Los grandes héroes a seguir eran los mafiosos de la época”, reconoce.

A los dos muchachos, entonces, se les ocurrió “la gran idea” de ganar un dinero y se les hizo fácil trasladar marihuana. Su amigo poco a poco comenzó a trabajar para “un grupo fuerte” y tenía la intención de que se le uniera. Montoya se negaba.

Sin embargo, por cuestiones quizá fortuitas, se casó con una colombiana. Su amigo, trabajando ya para el narcotráfico, buscaba a una persona que tuviera la posibilidad de hacer viajes hacia el país sudamericano.

“Entonces viajar a Colombia era como viajar al infierno; no todos se atrevían y pensaron que yo era la persona adecuada. Él me dice: ‘oye, ve a Colombia, te enviamos un dinero, sales de tu problema económico que tienes en este momento y asunto arreglado’.

“A él lo secuestran y lo torturan en Ciudad Juárez; voy yo a hacer un pago de rescate y quedo en una situación económica comprometida. Nace su hijo con un problema congénito, entonces la situación era grave, necesitábamos dinero, yo tenía un problema económico, pero lo que más me orillo a hacerlo era esa necesidad de conseguir dinero tanto por el hijo de mi mejor amigo y pues, secundariamente, la parte mía”, recuerda el autor del libro.

Ese viaje a Colombia fue su inicio. Su función era establecer o conseguir un contacto para el traslado de cocaína.

“Básicamente era una especie como de embajador, un táctico. Me correspondía contactar gente, ponerlos en contacto con otros, acordar fechas, puntos, modos de operar; aprobar o desaprobar algunas cosas, pero por increíble que parezca nunca toqué un kilo de cocaína”, comenta.

Por sus funciones, nunca mató a nadie pero le tocó escuchar las órdenes de asesinar. Ganaba “grandes cantidades de dinero”, recuerda. Pero también deja claro que los recursos económicos no lo eran todo.

“Sabes que en cualquier momento dado vas a perder o no sabes qué sigue después de eso; piensas que hasta tener dinero en efectivo es un problema, porque dónde lo guardas, dónde lo pones, en quién confías.

“Son cosas que uno dice: bueno, que me den dos millones de dólares’, pero ¿qué vas a hacer con esos dos millones de dólares?, ¿a dónde los vas a llevar?, ¿o dónde te vas a esconder con esa cantidad de dinero? ¿Sí me expliqué?, no es fácil ni tener ese dinero, ni vivir con eso”, asegura con firmeza.

A su familia, por seguridad, la tenía en México, mientras que él en Colombia se prestó a tener mujeres a la hora que quería y como las quería, era lo más común entre los narcos. No obstante, esto lo llevó a lo que llama “una degradación moral”, a “perder los valores”.

Con el paso de los años perdió a su familia, todos sus seres queridos se fueron alejando de él, mientras iba involucrándose poco a poco en ese mundo. Perdió su trabajo y no encontró una mejor manera de obtener recursos que continuar “enganchado” en la organización criminal. Ahí se dio cuenta de que “una cosa lleva a la otra y va uno cayendo más, más y más, y se va enredando a tal grado que es prácticamente imposible salirse de ahí”.

Ya recibía amenazas de muerte que por suerte para él no se cumplieron. Estuvo involucrado en investigaciones judiciales en México, en Estados Unidos, en Colombia, en Perú… Lo arrestaron dos veces pero al final nunca lograron comprobarle nada.

Montoya se niega a hacer público el nombre de la organización delictiva para la que trabajaba. Sólo da nombres. En México estuvo con la organización de Gonzalo Rodríguez y ya en Cali, Colombia, trabajó para Nelson Urrego y Giovanny Caicedo.

Pasó más de una década cuando hubo contratiempos en los grupos. Parte de las organizaciones se fueron desmembrando como parte de una desbandada. El autor decidió llegar hasta ahí, escapar, perderse.

“A mi familia ya la había perdido, en fin, era una situación moral y físicamente mal; entonces decido salirme, apago mi celular y corto de tajo con familia, con amigos y con todo mundo. Trato de pasar inadvertido y me oculto y vivo clandestino durante varios años, pensando que en cualquier momento la situación podía cambiar, que en cualquier momento me podía encontrar o no sé, alguna cosa mala.

“Pero yo sabía que si yo seguía en eso iba a morir o iba a terminar preso y me dedico a escribir; yo toda mi vida había querido escribir y como que nunca había encontrado el momento justo para hacerlo y ahí fue cuando empecé a contar la historia. Esto, pues, me tomó casi un año y medio”, platica, ya con tranquilidad en una librería de la colonia Condesa en la Ciudad de México.

Hoy agradece a Dios haber logrado abandonar ese mundo y no quedar inmiscuido judicialmente en nada durante más o menos 10 años. Cuando vio nuevamente la luz y decidió rehacer su vida, quienes pudieron haber aplicado represalias en su contra estaban muertos o en la cárcel.

M. A. Montoya regresó a México hace tres años con mil dólares en la bolsa. Volvió a radicar en Guadalajara y ejerce su carrera de medicina con éxito. Ya logró además una especialización.

A él le tocó vivir parte del narcoterrorismo en Colombia, en la década de los 80, cuando Pablo Escobar ponía explosivos en los aviones, en las plazas de toros, en los edificios.

“Me tocó vivir esas cosas estando en Colombia, vi, fui testigo por ejemplo de explosiones grandes en las cuales murió muchísima gente, pedazos tirados en la calle de cuerpos humanos, etcétera”.

Su mensaje a los jóvenes es que todo lo que uno se propone, se puede lograr. “¿Qué tantas consecuencias pueda traer al final de cuentas? Eso es parte de la vida de uno”, remata.

En la actualidad tiene otra familia con la que intenta hacer su nueva vida. Sin embargo, uno de sus tragos más amargos fue la muerte de su hija, de 21 años de edad, sin que pudiera ser testigo de su transformación y su reinserción a la sociedad.

“Falleció hace ya casi un año; ella pudo ver parte de cómo empecé a retomar mi camino bien, pero no vio el resultado”, relata con tristeza.

El mensaje que hoy da a la juventud mexicana es que “no vayan nunca a tocar la casa del diablo, porque se van a abrir las puertas del infierno. Esto es el infierno y no es el camino. Hay otras maneras de buscar dinero, hay otras”.

7 comentarios:

  1. QUE TAL, LA VERDAD ES QUE YA LEI EL LIBRO Y DESDE EL INICIO HIZO QUE TUVIERA SENTIMIENTOS ENCONTRADOS COMO LA AVENTURA, EL PLACER, EL MIEDO, LA SOLEDAD ETC... RECOMIENDO AMPLIAMENTE ESTE LIBRO EN ESPECIAL A TODOS LOS ADOLECENTES Y SI ES POSIBLE PROPONER QUE EN LAS ESCUELAS DESDE LA SECUNDARIA PUEDAN HACER QUE LOS ALUMNOS LEAN ESTE LIBRO PARA QUE ENTIENDADN EL PANORAMA QUE SE VIVE EN EL NARCO Y QUE TODO PUEDE EMPEZAR POR UN JUEGO Y TEMINAR CON SU FAMILIA.

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  2. yo lei esta pequeña receña y me quede impactado no hay palabras espero poder leer este libro

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  3. Saludos, somos de una editorial, nos gustaría publicar tu artículo,en nuestro libro de Formación Cívica y Ética, podrías comunicarte con nosotros o dejarnos tus datos, para platicar al respecto.

    anoguez@ediciones-sm.com.mx

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  4. IMPACTANTE; como padres de familia nos toca prevenir alos nuestros de lo peligroso ke puede yegar a ser una mala decicion ya k no solo acadan con su vida si no con toda la familia el narco no perdona ni si kiera a inocentes; comunicacion y apoyo entre familia ayuda mucho no dejemos k salga d nuestras manos

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    1. si es la verdd lamemtablemente es asi pero kmo solicuanarlo

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  5. no ce ya verdd creo k esto es algo inpactante pero pork ay familia k se mete o cisas asi solo por dinero ñara k si se van a morir eso no me gusta

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