jueves, 28 de octubre de 2010

Morir lejos de San Juditas *


Por Arturo Moreno

El ruido que provocaba una camioneta vieja al acercarse lentamente fue lo que alertó a siete jóvenes de la colonia Morelos de que esa noche, previo a la celebración de San Judas Tadeo, habría problemas.

Como era costumbre desde hacía varios años, los siete se fueron reuniendo poco a poco frente a la calle de Granada para convivir al amparo de los puestos ambulantes de comida que se instalan en esa calle.

Sin embargo, la noche del miércoles se juntaron con un objetivo mayor: los movía en ese momento la fe que todos compartían para acudir juntos al amanecer a demostrar su devoción en la iglesia de San Hipólito, al santo que los protegía: San Judas Tadeo.

“Ellos también se iban a Chalma y todo eso, todos los chavos salían de viaje, pero es mala onda y los vamos a extrañar”, recordó un joven vecino de la colonia Morelos, quien “los veía del diario aquí en la calle”.

Con ese propósito se reunieron Saúl Dom Hernández, de 21 años de edad; Ariel Ocampo Arévalo, de 21; Daniel Morales Pérez, de 26; Jhonatan Aguinaga Torres, de 28; Alan Alejandro Rosas Pérez, de 19; Miguel Ángel Rosas, de 20, e Irving Martínez Olvera, de 22.

El día estaba por terminar como cualquier otro en la calle de Granada hasta que una camioneta tipo van irrumpió, alrededor de las 23:30 horas, en la esquina que forma con la avenida del Trabajo y que era territorio de los chavos.

Primero fueron las palabras y los gritos que anunciaban una discusión mayor entre los tripulantes de la camioneta y los siete jóvenes, lo que provocó temor entre los transeúntes.

Otro vecino del lugar que se encontraba cerca de la tienda “El Oso”, frente a donde ocurrirían los hechos violentos posteriores, relató que tras la discusión, de manera sorpresiva, bajaron tres hombres armados de la camioneta.

El conductor permaneció en su interior, atento de las ráfagas de balas que sus compañeros descargaban contra los siete jóvenes, quienes no tuvieron la posibilidad de defenderse.

“Yo estaba en mi casa cuando empecé a oír el despapaye, se oyeron muchos balazos”, aseguró un joven quien no quiso dar su nombre por temor a las represalias que se pueden sufrir en este Barrio Bravo.

La gente no supo que hacer; cuando cesaron los disparos, el testigo que se encontraba cerca de un puesto, relató que sólo se escuchó: “ya estuvo, ya estuvo”.

Ya estuvo, la noche terminó para los rafagueados; los tres sujetos subieron a la camioneta dejando decenas de impactos de bala en la pared del número 127 de la calle de Granda y los siete cuerpos tirados, donde hoy por la tarde permanecen veladoras encendidas para recordarlos.

A uno de los vecinos de la Morelos que contó detalles de los hechos se le preguntó si no tenían miedo.

“La verdad no, jefe, porque es lo del diario, ¿no?”, aseguró.

(* Texto publicado hoy por Notimex)


Foto: AFP

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