viernes, 3 de septiembre de 2010

Caso Noroeste: el miedo no termina


El periódico Noroeste de Mazatlán es hoy el nuevo blanco de la delincuencia organizada, lo cual empeora aún más la situación del ejercicio peridístico en nuestro país.

El diario vive una desgracia adicional: como es un medio local, lo que le ocurra no tiene las mismas reacciones ni ha provocado el enojo ni el protagonismo de grandes "líderes de opinión" como cuando sufrieron amenazas los medios nacionales Televisa y Milenio. Es más, nadie organizará una marcha en protesta por lo que ahí ocurre aunque sea igual de terrible que el secuestro de los compañeros que trabajan en medios electrónicos nacionales.

Resulta que los periodistas de Noroeste ya ni siquiera van a las instalaciones de su periódico a trabajar, lo deben hacer desde sus casas frente al miedo ante las constantes amenazas que cumplieron ya tres días consecutivos.

Las llamadas telefónicas a la recepción no cesan para exigir dinero e imponer una publicación y la aparición repentina de vehículos con gente que lleva armas largas en el paso de los periodistas por las calles son parte de la intimidación, después de las agresiones a balazos sufridas en el edificio.

Sin hacer ruido, el diario difundió ayer un comunicado donde explica las nuevas amenazas que llegaron a las instalaciones de Noroeste y a su personal.

Noroeste relata que en lo que aparenta ser la misma persona que amenazó al periódico el martes, antes de cometer el atentado la madrugada del miércoles, el hombre realizó ayer varias llamadas para intentar extorsionar a su personal.

Alrededor de las 10:40 horas se realizó la primera llamada, la cual entró directamente a la recepción. El sujeto responsable pidió hablar con un gerente. El telefonema fue transferido a un directivo, al que el delincuente le exigió 200 mil pesos "para las 3:00 de la tarde en la recepción".

El hombre exigió el dinero a cambio de "dejar en paz" a Noroeste, pidió al directivo "no hacer panchos" y aclaró no tener nada en contra del personal del periódico, pero amenazó con "volar" el edificio si no le entregaban el dinero.

El directivo le solicitó tiempo para responder a su solicitud y el delincuente aseguró que realizaría una segunda llamada.

A las 11:15 horas se realizó la segunda, donde el delincuente volvió a exigir los 200 mil pesos a cambio de no hacer "explotar" las instalaciones.

Una hora después, alrededor de las 12:20 horas, el delincuente realizó una tercera llamada, volvió a exigir el dinero y aseguró que realizaría una cuarta alrededor de las 14:00 horas, en un intento por consumar la extorsión. El nuevo telefonema no se realizó.

Durante las llamadas, el delincuente se refirió al ataque realizado contra las instalaciones de Noroeste, la madrugada del miércoles, como una muestra de su capacidad para hacer daño. "Para que vean que no andamos con juegos".

El martes, unas tres horas antes del ataque con armas largas a Noroeste, presuntamente esta misma persona realizó un par de llamadas para exigir que se publicara información en contra del cártel de Sinaloa, pero en esa ocasión había dejado en claro que no le interesaba el dinero.

"En la calle también fue amenazado personal de Noroeste en dos hechos distintos, el primero por la mañana, cuando un vehículo Nissan, color negro, amenazó a dos periodistas que se trasladaban en una de las camionetas oficiales del periódico. Los delincuentes les gritaron diversas amenazas desde el auto a los periodistas.

"A mediodía, en un segundo hecho, un vehículo se acercó a una camioneta de personal del área de distribución de Noroeste, y sus ocupantes mostraron sus armas largas, en un evidente acto de intimidación", detalla el diario en su comunicado.

Como medida preventiva fue desalojado el personal administrativo y cerrada el área comercial, para proteger a clientes y trabajadores.

Y aunque se dijo que el personal de la redacción y el equipo directivo continuó en el edificio para realizar el trabajo periodístico y ofrecer su edición diaria a los lectores de Noroeste, de acuerdo con el boletín, lo cierto es que los reporteros ya comenzaron a redactar desde sus domicilios, por seguridad.

Este es el nuevo episodio del tema del ejercicio periodístico frente a las coberturas del narcotráfico.

Hubo acciones de buena fe, como la marcha del 7 de agosto y las muestras de repudio frente a compañeros que trabajan en medios nacionales secuestrados, con las que se supone se debían realizar, como seguimiento, acciones para evitar nuevas agresiones.

Parece que la reacción de los medios de comunicación en el país ha sido tibia, mediocre. Por lo menos eso nos muestra la amenaza del narco que sigue, se intensifica y extiende el terror en las diferentes plazas.

Esperemos que nosotros, como representantes de algunas de estas empresas, si no tenemos claro cómo organizarnos ni cómo armar acciones conjuntas de contención, por lo menos difundamos en nuestros espacios lo que sigue ocurriendo a los compañeros que trabajan en los estados donde está la línea de fuego.

(Foto: Especial)

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